Esta es la continuación del primer relato voodoo.

 

Encontrar trabajo es fácil para el que quiera trabajar. No importan sus circunstancias. Lo difícil es que te hagan un contrato laboral. Es la pescadilla que se muerde la cola. Sin permiso, no tienes contrato; y sin contrato, no hay permiso de trabajo. El ser humano, aquel que hace las leyes, ese ser o esas personas son la leche: Cómo se ríen de nosotros!!!

Supongamos que encuentras trabajo, se te da bien y te quieren allí. Te lo demuestran prometiéndote un contrato. Es entonces cuando un gracioso baile de situaciones empieza. Al principio, te adoran. Y como trabajas tan bien, van a pagarte en negro "mientras se regulariza tu situación". Te pagarán en metálico al final de cada jornada, o al final de cada semana con un cheque que te hacen firmar y cuya copia te quedas tú. A partir de ese momento, cada vez que preguntas si hay noticias acerca de tu contrato, te dicen entre bromas y risas que no te preocupas, que sigas trabajando así, que vas muy bien. Las bromas y los halagos del principio se transforman en respuestas evasivas. Luego te rehuyen y te hacen un vacío que muta en distancia e indiferencia. Van pasando los días, los meses, y tu paciencia se agota al mismo tiempo que tu frustración, e ira crecen considerablemente. Si ese estado de espíritu te hace enfrentarles, pues... pueden pasar varias cosas. Pero suele significar el principio del fin de tu trabajo. Cuando enfrentas a tu empleador, exigiéndole que te muestre en qué estado de evolución está tu expediente o tu contrato; suele pasar que primero te sobornen. Después te amenazan, terminas marginado, hasta que se valen de cualquier excusa para echarte a la calle. Sé feliz si te han pagado. Otras veces no solo no te pagan, sino que además te dicen que será tu palabra contra la de ellos en caso de querer ir por la justicia. Cosa que por otra parte no te recomienda, ya que si descubren que eres ilegal, te deportan.

Es así cómo consiguen amenazarnos, amedrentarnos... hasta que descubres que es al contrario, que es él quién fijo tiene problemas si descubren que emplea a gente sin contrato, por horas, y las paga en negro. Dura el tiempo que te espabiles. Una vez que estás enterada de la película, las tornas cambian. Al final, tienes un trabajo legal, con tu contrato laboral, tu seguridad social y un sinfín de nuevas responsabilidades como hacienda o los impuestos. Cuando ya lo tienes todo, después de las trabas y de los sufrimientos, finalmente tu expediente ha conseguido entrar. A tiempo y con todos los requisitos en regla. A pesar de que tuviste que hacerte el expediente judicial tres veces, porque hay que pagarlo, hacerlo en tu país de origen, mandártelo; y sólo tiene una duración de tres meses. Por lo que no es de extrañar que te ocurra que entre que lo pides, mandas dinero, lo aprueban y te lo mandan, muchas veces llega caducado, y es vuelta a empezar. Hasta que una mañana, una carta certificada o una llamada te confirman que la tienes. Que pases a por ella. Ufff......

Superada la barrera del idioma, el trabajo y la legalidad en sí, uno cree que allí se termina. Pues no saldon@utas, NO. En realidad, no haces más que empezar. El alquilar un piso o apartamento. El hacerte la tarjeta sanitaria, comprar un coche, querer ser autónomo y emprendedor... Un inmigrante nunca termina de hacer papeles en su país adoptivo. Incluso para el amor, hace falta papeles. Supongamos que lo has conseguido. Después de tanta sangre, sudor, lágrimas y dolor y sufrimiento, tienes un buen trabajo, un piso decente y te mantienes. Querrías pasar al otro nivel, querrías enamorarte. Y te has integrado tan bien que no te disgustan los autóctonos. Al contrario... Y es cuando queda demostrado que el amor no es suficiente.


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