Sí... era cierto. Me iba... de verdad, me iba. No lo podía creer, no quería pensarlo... Llevaba días rumiándolo, agobiándome un poco más cada día, los acontecimientos sucediéndose tan rápido que no me dejaban ni pensar... Necesitaba verle. No podía más, tenía que decírselo. Quería que sus besos borraran mi tristeza, mis lágrimas. Necesitaba que sus caricias me cubrieran entera, que sus manos obraran el milagro, que su cuerpo y su calor me hicieran vibrar... Sentir... Y por un momento olvidarme del mundo. Necesitaba estar en sus brazos, lo necesitaba de manera visceral. Pero al mismo tiempo, venía a darle el tiro de gracia a lo nuestro. Era una despedida.

Días antes, había intentado ponerle fin a todo de manera racional. Y en realidad las cosas estaban bastante tensas entre él y yo. Mi gran culpa fue no saber qué decirle, cómo explicarle que lo hacía por nosotros... por él... Porque el destino así lo quería.

Porque el destino me arrancaba cruelmente de sus brazos, de su vida, de su corazón... de su lado. Nuestros caminos se separaban irremediablemente, negándonos así el derecho a ser feliz... Quién dijo que sería sencillo...

Llegué a su casa temblorosa, perdida, temerosa... No quería estar así, no quería estar allí... no por aquello... no para decirle adiós. En nuestro refugio, su habitación, procuré sentarme lejos de él. Si no le perdía de vista, no me dejaría llevar por mis sentidos, mis emociones, mis sentimientos. si le mantenía lejos de mí, su olor no me turbaría, su boca no me tentaría, su piel no me llamaría, su cuerpo no me... No, no, no...

Estaba a la defensiva. No quería alargar aquello más de lo necesario. Opté por seguir firme en mi decisión de pensar con la cabeza fría y actuar en consecuencia. Y las cosas no fueron nada bien al principio. A cada argumento suyo, insistiendo que lo nuestro era lo mejor que nos había pasado, me costaba más y más retener las lágrimas. ¿Cómo explicarle lo que me negaba en redondo a aceptar? No sabría ni por dónde empezar. Y al final, se puso a hablar en pasado.

-Les contaré a mis amigos que tenía una novia. Estábamos muy enamorados... o eso creía. Me dejo, sin ninguna explicación, sin ningún motivo... Yo creo que dejo de amarme

-Eeeh, aún estoy aquí. Además el hecho de romper lo nuestro no significa que haya dejado de amarte. En absoluto significa que no te ame hasta la médula

De repente me di cuenta. Había gritado más fuerte y más alto de lo que pretendía. Tenía el alma en carne viva. No había podido retener mi desgarrador grito de ayuda. No había podido no amarte, no había podido no ser tuya... ¿Cómo haría para vivir lejos de ti... para vivir sin ti, para estar sin ti... Me quedaba sin aliento al intentar tan solo imaginarme el panorama... Había gritado por desesperación, porque no quería que pensaras ni por un segundo que nuestro amor no es infinito; no quería que pensaras ni por un nanosegundo que todo, absolutamente todo en la tierra nos separaría, salvo nuestro indómito amor. Que el tiempo y la distancia se hicieran relativos y dejaran de importar lo que hoy en día sigue importando.

Grité de impotencia, de profundo y cruento dolor al rompérseme el corazón. No sabía cómo no me entendías, cómo no me comprendías... Pero lo que no podía permitir era que dudaras de la fuerza y la autenticidad de mi profundo, infinito y sincero amor por ti. 

Te callaste y ya no dijiste nada. Me observaste pacientemente reafirmar mis sentimientos hacia ti, sonreíste cuando te grité que te amaba. Que te amo. Que te amaré por siempre jamás. Me abrazaste cuando lloré de impotencia y rabia contenida. Te partió el corazón verme tan rota, tan desmadejada. Ya no sabías qué hacer para darme un poco de consuelo. Lloré como una niña asustada. Y tú, mi amor, sólo podías abrazarme fuerte.

Al final, con el corazón hecho trizas, la cabeza embotada y los ojos hinchados de tanto llorar, me agarro desesperadamente a ti; pues eres el único redil de realidad y coherencia que quisiera tener, el único contacto con la madre tierra. Mi necesidad de ti es demasiado acuciante. Demasiado poderosa. No quiero escapar, no quiero irme. No quiero hablar. No ahora. No esta noche. Como la última cena de un condenado, esta noche, el mundo, tal y como lo conocemos, sólo tendría dos habitantes: tú y yo.

Mi llanto fue reemplazado por el irrefrenable deseo de ser tuya. Quería pertenecerte por última vez. Quería ser total y absolutamente tuya. Por última vez. Quería fundirme en tí, fusionarme contigo y ser uno... por última vez. Te deseaba sobre mí una última vez. Saborear tu sudor, sentir tus manos sobre mi piel... Ya se conocían: Mi cuerpo y tu tacto. Mi piel y tus manos, labios, boca... Estoy loca por ti. Me haces vibrar de tal manera, que sólo tengo que pensar en ti para ponerme guerrera. Los mutuos recuerdos son mucho más turbadores que...

Y tú, mi pequeño, estás desesperado por secar mis lágrimas. Me levantas la cara hacia tí y me besas los ojos. Mis lágrimas mojan tus labios. Me das un aluvión de besos ligeros por toda la cara. Y no puedo evitar desearte... mucho mucho más. Busco tu boca, tus sensuales labios me encuentran. Te beso como si la vida me fuera en ello. No quiero jamás dejarte ir. Hazme el amor, hazme tuya, hazme vibrar, sentir... Hazme tuya. Te lo murmuro, te lo suplico: hazme tuya, hazme el amor.

No te haces esperar, no quieres esperar. No quiero que te apartes de mi, no quiero estar lejos de tus labios, lejos de tu abrazo, lejos de tu calor. Me agarro a ti cual superviviente a un salvavidas. Te exijo que me ames, que me hagas tuya, que me hagas feliz... por un momento... que me hagas feliz

-Tengo ganas de ti, hazme sentir mujer, hazme tuya...

No me quedaba gran cosa de ropa sobre mí. Desde el momento en que me pusiera a llorar de modo tan desconsolado, las barreras entre nosotros no duraron mucho. Así que cuando te pedi que me hicieras tuya, estaba casi desnuda. Desaparecieron por siempre los retales de tejido restante entre tú y yo. Me abrazaste, me estrechaste en tus brazos, me hiciste tuya, prisionera de tu virilidad, presa de tu testosterona, tu magnetismo, tu misterio, tu hombría... Te sentí en lo más hondo de mi ser, me sentí lo más valioso del universo.

Te tacho de loco. Y tú respondes sí. Ciertamente lo estás... pero por mí. Desde aquella noche, aceptaste la locura con orgullo

-Sí, estoy loco por ti. Lo supe aquella noche, viéndote bailar. Y desde entonces lo sé. Estoy loco por ti. Y lo estaré hasta nueva orden.

Esa dedicación, esa entrega... Solo puedo pedir, suplicarte que me hagas tuya. Make me love all night long.


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