No puedo más. Es simple, es sencillo, no puedo más. Lo digo con humildad. Lo digo con sinceridad, lo digo con corazón limpio y puro: no puedo más. 

Procuro ir siempre con la máxima. "Todo el mundo es inocente hasta que demuestra lo contrario". Llegando a Valencia centro ciudad, conocí a muchísima gente, para bien o para mal. Ésa gente ha sido testigo de cómo me recibió la nueva ciudad. Unos más de cerca, otros de lejos; pero conocen mi historia. La ciudad fue despiadada conmigo. No me dió ningún cuartel. No me dejó ninguna opción. Pero lo que la ciudad no sabía era lo buena alumna que soy. Aprendí rápido, a las malas, de la manera más bestia. Normal que hoy en día, me llamen militar; porque fue algo así: una formación militar. Llevo 17 años en España. Pero da la impresión de que haya llegado aquí en 2014.

Por motivos laborales y personales, me veo obligada a cambiar de entorno después de una década. Curioso que haya vivido y estudiado en ésta ciudad siempre, y nunca haya vivido tal formación. Al llegar al down town de valencia, hice lo que todos los nuevos: trabajo, vivienda, etc... Lo normal... o eso pensaba yo. Al fin y a cabo, quién decide lo que es normal, quién sabe qué es lo normal? Nos podemos guiar por ciertos códigos éticos, pero hasta allí. Me encontré una zona sin ley, un barrio aparte; cuyo funcionamiento procede mayormente de la supervivencia.

Me encontré con la versión valenciana de Sin City. Los entendidos en cómics me comprenderán bien. No fue divertido. Es cada vez peor. Pero no entiendo tampoco lo obstinada que soy. Sencillamente me niego en rotundo a dejarme vencer por lo terrenal. Me niego a ser intoxicada por la negatividad de los demás. Me niego en rotundo a ser pisoteada por el complejo de inferioridad de esas personas que saben reconocer cuándo alguien es mejor que ellos. Necesitan emplear toda clase de triquiñuelas para rebajarte a su nivel. Y su patético mecanismo de ataque, defensa o maldad es siempre el mismo: Las bromas.

Los muy cobardes se escuden detrás de las bromas. Su insultante falta de respeto, su profunda falta de educación, sus inseguridades y su maldad gratuita. Con insinuaciones, entre las conversaciones de alcoholes y risas tontas, salen los dardos. Por todas partes ves y oyes indirectas muy directas. Pero ni se te ocurra enfadarte o mosquearte o molestarte de alguna manera. Entonces es que no tienes sentido del humor, eres una amargada, una lenta de entendederas; y mi favorita: Borde, sabionda,sangrona. Y es cuando empieza lo divertido para mi. Cuando su risa termina, empieza la mía.

Lo que me lleva a preguntarme: es inconciencia o maldad gratuita? Señores, tengo sentido del humor. Pero sólo los entendidos, los de mi nivel, cogen mis bromas. No soy amargada. Es que no me gusta vuestras bromas. No soy lenta de entendederas. Al contrario. Lo que pasa es que vosotros váis a hacer daño. Y os veo venir. Y me encanta ser borde con los que no tienen escrúpulos. Sabionda con los que van de listos por la vida. Y brutalmente sincera con todos sin ninguna excepción, porque es lo único que funciona con ustedes. Es muuuucho mejor deciros lo que debéis escuchar, lo que necesitáis escuchar, en vez de regalaros la oreja los unos a los otros, y deciros sólo lo que queréis escuchar.

Eso no funciona conmigo. Creo que por eso caigo tan mal a los incultos y los impuros de corazón. Pero os recuerdo que no ofende quién quiere, sino quién puede. Es super difícil sacarme de mis casillas. Mi autocontrol es cada vez mejor. Y yo veo pronto quién puede ser un interesante adversario mental y quién no. Y yo no tengo tiempo que perder. Soy muy rápida y una excelente alumna: Aplicada, repelente, aquella que amiga de los profes. Me costó por ciertos motivos. Pero tristemente, el ser humano se acostumbra a todo. Yo también lo hice. Antes rehuía los enfrentamientos. Quiero que se sepa que dejé de huir. Ahora me enfrento a los conflictos que vengan a encontrarme. Ahora me defiendo con uñas y dientes a cualquiera que intente seguir jodiéndome más de lo que estoy ya.

Decidí que esta ciudad no me va a cambiar. No apagará mi sonora y franca risa. No me cerrará mi corazón abierto a la bondad, y no cambiará ése carácter mío. Mi identidad. Realmente cómo soy. Soy una persona feliz. Una mujer tranquila, amable, generosa, y una curranta nata. No se me caen los anillos para nada. Así que soy un ser humano cada vez más y más equilibrado. Yo soy feliz y en paz conmigo misma. Y vosotros, lo soís? Porque nadie, absolutamente NADIE tiene derecho a controlarte, maltratarte o rebajarte. Nadie tiene derecho a insultarte, vejarte ya sea física o verbalmente; a ridiculizarte y a despreciarte. Nadie tiene derecho a abusar de tí, hablar mal de ti, a dictarte tu conducta o a cambiar tus decisiones. Tú y sólo tú sabes mejor que nadie lo que te conviene. Así que te pertenece decidir si lo permites o no.

No permitas que esas cadenas llamadas familia, amistad, trabajo, sociedad, etc... te aprisionen más de lo debido. Yo encontré la manera de encadenarme y desencadenarme a mi antojo. Soy feliz. Pero por encima de todo, soy libre y en paz conmigo misma. Y tú, puedes afirmar lo mismo, are you happy with yourself? From the bottom of her soul, a piece of me, myself and i. miss and love. M.

 


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